¿POR QUÉ ELEGIR LA TERAPIA DE INDUCCIÓN MIOFASCIAL?
La terapia de inducción miofascial ofrece una alternativa terapéutica integral que va mucho más allá del síntoma ya que el trabajo, aún realizándose de manera local, repercute en la reorganización de todo el cuerpo hacia un estado de mayor equilibrio fisiológico. Además es una terapia nada invasiva y basada en aplicaciones de ligeras presiones y estiramientos que hace muy tolerable el proceso en casos de dolor agudos.
El cuerpo responde a estas maniobras desenredando “nudos” y deshaciendo “adherencias” que limitan la movilidad libre del organismo, es decir, es la propia persona la que en respuesta a un estímulo externo y la facilitación del terapeuta, pone en juego sus propios recursos para encontrar el camino en el proceso curativo. No es una terapia arbitraria, sino una terapia basada en la escucha y movilización del potencial inherente de salud que está en cada uno.
La fascia es la gran omnipresente en el cuerpo humano, un tejido viscoelástico integrado en todos los niveles estructurales desde la célula más pequeña al mayor de los músculos. El maestro Andrej Pilat, solía decir que si fuese posible extirpar de un cuerpo todos los huesos y los músculos, permaneceríamos de pie y casi en la misma postura debido a la tensegridad del sistema fascial y su memoria corporal. En otras palabras, la fascia ajusta tensiones y se reorganiza en función de las experiencias de vida, tanto físicas como psíquicas permitiendo el estado de mayor equilibrio posible según las circunstancias.
El trabajo a través de la inducción miofascial facilita por tanto no sólo el restablecimiento de una movilidad y mayor funcionalidad a nivel físico, sino que a través de estos movimientos puede ayudar a integrar las experiencias psico-afectivas que provocaron o se relacionan con las tensiones musculares que motivaron la consulta de fisioterapia, repercutiendo directamente también en un mayor equilibrio emocional.
De una manera más teórica, la Inducción Miofascial (MIT®) es un concepto terapéutico, perteneciente a la Terapia Manual, dirigido al restablecimiento funcional del alterado sistema fascial. La MIT® es un proceso de evaluación y tratamiento en el cual el terapeuta, transfiere una ligera fuerza (tracción y/o compresión) al tejido diana, facilitando la recuperación de la calidad del sistema fascial. El término “inducción” está relacionado con la facilitación del movimiento en vez de un estiramiento pasivo del sistema fascial. Este proceso pretende remodelar la calidad de la matriz extracelular del tejido conectivo para facilitar y optimizar la transferencia de información hacia y dentro del sistema fascial (Chiquet, 2003; Wheeler, 2004). La acción terapéutica se concentra en la provisión de recursos, el terapeuta actúa como facilitador de los ajustes necesarios para alcanzar el equilibrio homeostático óptimo. (Pilat, 2014).
La Inducción Miofascial encuentra un terreno de aplicación privilegiado en los dolores corporales, ya sean locomotores, traumáticos, musculares, disfunciones articulares y en la deformidad. La Inducción Miofascial aspira ser un tratamiento que se concentra en el paciente (Pilat, 2015).
¿QUÉ ES LA FASCIA?
El sistema fascial es una red ininterrumpida de tejido conjuntivo que relaciona y comunica a todos los sistemas corporales a diferentes niveles de organización y profundidad. Hablamos pues de fascia superficial (adherida a la piel y relacionada con la grasa superficial) y fascia profunda. En esta última distinguimos la fascia muscular o miofascia, fascia visceral, tejido conjuntivo del sistema nervioso y meninges.
En el nivel estrucutural más íntimo nos encontramos con las meninges cráneales y el tejido dural que recubre todo el sistema nervioso, constituyendo el sistema craneosacral.
En condiciones de salud, el sistema fascial posee un continuo deslizamiento que aporta fluidez y armonía al organismo. Cualquier cambio en el tejido debido a inflamaciones, edemas, desgarros, torceduras, esguinces, luxaciones, etc. genera una tensión e irritación del tejido conectivo (sistema fascial) que repercute en el equilibrio y organización de todo el cuerpo.
Las alteraciones tensionales, creadas fuera de los patrones fisiológicos del movimiento, pueden reorientar la dinámica corporal, estableciéndose cambios retráctiles de la matriz del tejido conjuntivo (Tomasek, 2002), que afectan la libertad del movimiento (Gabbiani, 2007).
¿QUÉ ES LA TERAPIA CRÁNEO-SACRA?

Todo el mundo tiene diversos ritmos en el cuerpo. Está el ritmo cardiaco: el corazón late entre 60-80 veces por minuto. El ritmo respiratorio, inspiramos y espiramos entre 15 y 20 veces por minuto. Por debajo de estos ritmos hay otro ritmo llamado cráneo-sacral. Este ritmo de 6 a 12 ciclos por minuto hace que tu cabeza se expanda y estreche levemente, y tu columna se alargue y acorte ligeramente, en un esfuerzo por intercambiar y hacer circular el fluido cerebroespinal. Este fluido es importante porque abastece de nutrientes el sistema nervioso central, se lleva los productos de deshecho y actúa como fluido protector que recubre el cerebro y la médula espinal. (Carlos González)
Así como el ritmo cardiaco y el respiratorio, el ritmo cráneo-sacral puede sentirse en la totalidad del cuerpo: las piernas, la pelvis, el sacro, los hombros y la cabeza. Las anomalías de este ritmo vital (asimetrías, aumento o disminución, turbulencias…) al igual que los ritmos cardíaco y respiratorio, nos orientan hacia la existencia del algún tipo de disfunción orgánica.
La terapia cráneo-saca provoca una serie de liberaciones que se producen en forma de calor, pulsación y tirones musculares. A veces los ojos parpadean o se pueden producir sonidos como de borboteo en el tubo digestivo. Puedes sentir que una parte de tu cuerpo se suaviza, o que cambia y se ensancha suavemente. También puede cambiar el ritmo de la respiración. Una reacción común al tratamiento es un profundo sentimiento de relajación. (Carlos González).
El cuerpo es un campo unificado. La pulsación se expresa de manera general a través de todos los fluidos del cuerpo, a lo que el doctor Sutherland llamó marea. Distintas capas se presentarán dependiendo del momento y de la naturaleza de los problemas del cliente, de la relación que el cliente mantenga con dichos problemas, y del nivel de organización y el modo en que ocurra el proceso curativo en un momento dado.
La terapia cráneo-sacra facilita el acceso a un punto de tensión equilibrada, aísla un patrón de tensión en los tejidos, lo orienta hacia su fulcro o punto organizador y, de este modo, le ayuda a acceder a otras opciones, a reorganizarse y a expresarse más funcionalmente. Esta reorganización conduce a estados de mayor salud, energía y eficacia fisiológica. Se da la liberación de la energía contenida en los procesos psico-físicos o experiencias vitales no integradas.
El terapeuta trabaja con las fuerzas que mantienen ciertos patrones de experiencia de la persona para ayudar al cuerpo a reorganizarse de dentro hacia fuera. Conforme avanzamos en un proceso terapéutico las sesiones son más profundas, los clientes se abren más y el proceso curativo se vuelve más pleno.
Nuestras experiencias quedan grabadas como patrones corporales. Este proceso de grabación de los patrones se produce a distintos niveles. Los problemas no están únicamente en los tejidos. La psicología de la persona, su estilo conductual y la programación del sistema nervioso participan en sus patrones de experiencia. Cuanto más tiempo dediquemos a los patrones específicos que influyen en nuestro ser, tanto más nos identificaremos con ellos. Empezamos a definirnos en relación con nuestros patrones, y los identificamos con aspectos del yo. Entonces empezamos a vivir nuestra vida en función de estos patrones condicionados en lugar de vivirla en función de la esencia original de nuestro ser. Existen dos tipos fundamentales de relación con las experiencias de vida, una caracterizada por la integración y la otra por los sentimientos de agobio. Una experiencia agobiante ocurre cuando nuestros recursos son demasiado escasos para procesarla en el momento en que ocurre, la experiencia sobrepasa la potencia disponible en nuestro organismo. La experiencia no puede ser integrada. Entonces nos produce trauma o shock, que a su vez afectan a la potencia y al sistema de fluidos y puede ser testado evaluando el ritmo cráneo-sacro. Los tejidos y los fluidos siguen la distorsión y responden a la potencia inercial que crean una dinámica compensatoria en la totalidad del cuerpo.
El lugar de encuentro entre el ámbito espiritual y el sistema craneosacral es el sistema de chakras. Los chakras son vórtices, transformadores que convierten la energía primaria en las cualidades de los cinco elementos.
Tanto la terapia de inducción miofascial como la terapia cráneo-sacra trata principalmente de un proceso de búsqueda de un nuevo y óptimo nivel homeostático a través de la recuperación del rango de movimiento, una tensión adecuada, la fuerza y la coordinación. Entonces, recuperar la salud se convierte en proceso de reconectar con los recursos inherentes del sistema viviente.

Terapia de Inducción Miofascial y Terapia Cráneo-Sacra

 

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